En el antiguo camino de Francia se levanta el Santuario de Valverde, bello y majestuoso edificio que desde la lejanía sugiere historias de tiempos pretéritos.
 
Santuario de Valverde
 
Ermitaños, monjes y soldados velaron armas, forjaron sueños y rezaron a la Virgen. Cuentan los historiadores que Nuestra Señora de Valverde era ya venerada antes de la invasión árabe, ocurrida en el año 712.
 

800 años de Historia

 
La leyenda data la aparición de Nuestra Señora de Valverde el 25 de abril de 1242, y este es el inicio de la historia del Santuario.

El 25 de abril amaneció teñido de azul y las piedras brillaban más que de costumbre. A las afueras de Fuencarral, en el lugar llamado Cuesta del Cuervo, acostumbraban los pastores a reunirse para charlar de sus asuntos en la confianza de que los perros vigilaban atentamente los rebaños. Transcurría la mañana entre el sosiego y el aburrimiento, entreteniendo los minutos con zatos y queso de oveja, manjar preciado por los pastores.

Debió ser al mediodía cuando un halo envolvió las retamas de la Cuesta del Cuervo, provocando un resplandor que alarmó a los pastores. De pronto, la Virgen surgió de la nada y deslumbró a los presentes. Ladraron los canes, revolotearon los pájaros y los hombres se arrodillaron para recuperar el aliento. Un pastor se aproximó a la Virgen y dio fe de que no era un sueño.

Corrieron en busca de los vecinos para que todo el mundo fuese testigo de la aparición. Las campanas de la iglesia avisaron a las gentes y en instantes se decidió acudir en peregrinación hacia el lugar indicado. Cuando llegaron al punto exacto la imagen de la Virgen se mostraba en todo su esplendor, gesto que fue interpretado como un deseo de agradar a los vecinos. Se celebró así, por primera vez, el homenaje del pueblo a la Virgen de Valverde, llevándola a hombros hasta la iglesia.

Días después algún vecino dio la voz de alarma. La imagen de la Virgen había desaparecido de la iglesia y la primera sospecha fue pensar en el hurto. Se armaron los hombres y salieron en busca de los ladrones, y en la Cuesta del Cuervo la hallaron de nuevo, en el mismo lugar donde apareció por primer vez.

Regresó la Virgen a la iglesia custodiada por los vecinos y se establecieron turnos de vigilancia, lo que resultó inútil ya que esta vez la imagen desapareció sin que nadie hubiera entrado al templo, que en todo momento permaneció a la vista de los fieles.

Dicen que al alba la imagen fue hasta la retama donde se había aparecido y se apostó en el lugar rodeada de una nube. Entonces entendieron los habitantes que aquel punto era el escogido como morada y se aprestaron a elevar un altar que al poco tiempo fue transformado en ermita.

Las primeras noticias acerca de la construcción de la ermita se refieren al momento de la aparición de la Virgen. Se cuenta que por entonces hizo el primer milagro al conseguir agua para las obras en el lugar donde fue encontrada la imagen. Durante el tiempo que duró la construcción no dejó de brotar agua del pozo, pero al finalizar los trabajos quedó tan seco como al principio.

Aún se conserva el pozo en el centro de la nave con un inscripción que dice:”Sitio y lugar donde se apareció la Santísima y Milagrosísima Ymagen de Nuestra Señora de Balverde sobre una retama a XXV de Abril año de MCCXVII”
 
Pozo Santuario de Valverde
 

Años de esplendor

 
Aunque su origen se remonta a 1242, alcanzó su máximo esplendor con la Casa de Austria entre los siglos XVII y XVIII, gracias a las ampliaciones realizadas por los Marqueses de Murillo.

En 1595 el Concejo y los vecinos de Fuencarral ofrecen a Felipe II el patronazgo de la ermita, así como tierras – hasta 200 hectáreas – ornamentos, oro y plata, con la condición de que edificara allí un monasterio, encargo que acepta el Rey.

Un año después, en 1596, el Rey concede al noble Juan Ruiz de Velasco, su secretario, y a su esposa Isabel Nevares de Santoyo, el Patronazgo de Valverde – que así llaman al paraje – a condición de que construyan el monasterio, no sin recelo del pueblo Fuencarralero.

Pero éstos lo entregan a los frailes recoletos de la Orden Dominica. Así se levanta un templo con planos de Francisco de Mora, discípulo de Juan de Herrera, arquitecto de El Escorial.

En 1597, el archiduque Alberto de Austria, arzobispo de Toledo, otorgó la licencia para la fundación del nuevo monasterio.

El pueblo de Fuencarral vigila a los patronos, que pueden regir el recinto y la finca, pero no son sus propietarios, no pueden enajenarlo y se han obligado a sostener el monasterio y a procurar el mantenimiento de la ermita.

En 1641, al morir el hijo natural de Juan Ruiz de Velasco sin descendencia, los dominicos se convierten en patronos de hecho.

A comienzos del XVIII el recinto monacal fue transformado y reedificado por cardenales, arzobispos y nobles como los marqueses de Murillo que, en 1723, piden a los frailes un poco de terreno para construirse una habitación para cortas estadías. Sin embargo, concedido el permiso, se hacen edificar un palacio.

En 1730 ve la luz en el convento la edición completa de nueve tomos de las obras del dominico Fray Luis de Granada. La familia Grimaldo se hace enterrar en su iglesia. Sus escudos presiden una capilla.

En 1836 se produjo la desamortización de los bienes de la Iglesia – Desamortización de Mendizabal – que consistió en poner en el mercado, previa expropiación forzosa y mediante una subasta pública, las tierras y bienes que hasta entonces no se podían enajenar (vender, hipotecar o ceder) y que se encontraban en poder de la Iglesia católica y las órdenes religiosas — que los habían acumulado como habituales beneficiarias de donaciones, testamentos y abintestatos —. Como consecuencia de la desamortización se produjo la exclaustración de los dominicos, que habían ocupado el recinto 238 años.

El pueblo de Fuencarral solicitó hacerse cargo del santuario, demanda que consiguió en 1863 cuando se declara al pueblo de Fuencarral su propietario.

Poco duró la victoria del pueblo de Fuencarral ya que en 1867, Rafael Reinoso, esposo de Dolores Muñoz, descendiente de los antiguos patronos, solicita a Isabel II la reversión del monasterio y las tierras al Patronato de los Velasco, y lo logra en 1873.

A finales del siglo XIX parte de los edificios fueron derribados y, salvo la iglesia que continúa prestando servicio, el resto del complejo estaba en estado ruinoso.

En 1885 se ordena por parte del marqués de Pico de Velasco el derribo del eremitorio, pero afortunadamente el Ayuntamiento lo impide.

En 1918, una sentencia de la Audiencia Territorial de Madrid confirma que la familia Reinoso recupera el patronazgo.

En abril de 1990 se crea la hermandad de Nuestra Señora de Valverde, que pugna por obtener la propiedad popular del santuario, que la familia Reinoso y otros herederos niegan.

En abril de 2000 se decide integrar la finca de la ermita en el Plan de Actuación Urgente (PAU) de Montecarmelo. El santuario y las tierras son considerados suelo dotacional, no pueden ser derribados. Sus 90.000 metros se permutan por otros solares edificables en los PAU de Montecarmelo y Las Tablas.

De este modo, la propiedad del Santuario pasa a manos públicas a cambio de solares urbanos de gran valor económico.
 

El Santuario de Valverde en la actualidad

 
En 1977 se incoó el expediente para la declaración como bien de interés cultural, aunque la declaración no se ha llevado aún a cabo.

En la actualidad el conjunto, propiedad del Ayuntamiento de Madrid, ocupa una superficie en torno a los 30 000 metros cuadrados y comprende la ermita de Valverde propiamente dicha, la capilla de Nuestra Señora de la Guía, el antiguo monasterio de los dominicos rehabilitado como centro cultural y la antigua casa-palacio de los marqueses de Murillo, que alberga las oficinas del centro.

La Hermandad de Nuestra Señora de Valverde gestiona la ermita, que conserva su uso religioso, y que a través de las aportaciones de los Hermanos y empresas colaboradoras se rehabilita y mantiene.

Gracias a las gestiones de la Hermandad, en Diciembre de 2012 D. Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de Madrid, declara a la Ermita de Valverde: Santuario Diocesano
 
 

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